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Jacob Cox
Jacob Cox

El Mundo De Ayer



Sumado a las cuidadas interpretaciones de sus protagonistas, Léa Drucker brilla con un papel que emana fortaleza pero también vulnerabilidad junto con unos excelentes Denis Podalydès, Alban Lenoir y Benjamin Biolay; 'El mundo de ayer' es un thriller sobrio, que gana más gracias a sus diálogos austeros y silencios incómodos. Un cuidado retrato de los estratos del poder que funciona también como un aviso a navegantes. El ejercicio más cuidado del cineasta, que muestra tener un buen pulso para el género.




El mundo de ayer



Anteayer, como quien dice, todavía se hablaba de que su aspiración era asegurar que Ucrania renunciase definitivamente a Crimea, a acercarse más a Occidente y a aceptar a los independentistas del Donbás, para colocarla bajo control ruso, igual que hizo con Bielorrusia y Georgia.


Ni las declaraciones ni los actos de los líderes políticos son casuales y los símbolos, precisamente porque lo son, tienen un valor comunicativo fundamental que, desde que el mundo es mundo, no se puede pasar por alto.


Después de la primera noche, empezamos a vernos con cierta frecuencia, aunque siempre con discreción. Un sábado me pediste que te llevara al zoológico. Paseando bajo la sombra de los árboles de aquel vestigio del antiguo bosque, rodeados de niños y envueltos en el denso olor de los animales, me hablaste de tu infancia. Había algunos turistas rusos que parecían perdidos entre los fosos y las jaulas. Me dijiste que a veces ibas a aquel sitio a sentir que estabas en otra ciudad, en otro mundo. Nos besamos a escondidas, tentando a la suerte. Luego subimos al carro y nos fuimos al Parque Almendares, a una zona solitaria cerca de las márgenes del río, y nos sentimos a salvo de todo, fuera del tiempo. Al anochecer bebimos sangría y comimos algo ligero en un sitio que había por allí, en esa zona arbolada que nunca más he vuelto a visitar.


Y luego todo empezó a torcerse, a deslizarse cuesta abajo, primero lentamente y luego a una velocidad vertiginosa. En junio procesaron a Ochoa y a los otros, y en un mes los habían fusilado. Recuerdo tu cara de incredulidad, de rabia, de confusión cuando hablábamos del asunto. Tuve entonces el peor de los presentimientos, pero lo ignoré. En noviembre ocurrió lo de Berlín. El mundo enloquecía. Los meses pasaban. Empezaste a desaparecer cada tanto, sin explicaciones; pero siempre volvías a mí y todo parecía estar bien por un tiempo.


El mundo parecía tan enloquecido como yo, y eso fue quizás una suerte. Me dejaron en paz. Me olvidaron. Muchos creyeron encontrarse ante el final. Seguí sin esperanzas, a través de amigos y revistas extranjeras, lo que ocurría en la Unión Soviética. Todo iba a peor. Recuerdo noticias de suicidios, de encarcelamientos, de huidas. Pensé que quizás tú te habrías adelantado a todo aquello y te habrías marchado ante las primeras ráfagas de la tormenta. Aquella idea me ayudó a superar la crisis porque significaba que, aunque lejos, seguías brillando en algún lugar. Llegué incluso a plantearme dejarlo todo y lanzarme en tu persecución, sin importar dónde ni cómo ni nada.


Esta pequeña película gana muchos enteros gracias a la calidad de los actores, especialmente Léa Drucker (Custodia compartida) y Denys Podalydès (De Nicolás a Sarkozy). Es la sensación que me deja El mundo de ayer, que usa el título de la célebre obra póstuma de Stefan Zweig, publicada en 1942, y que vienen a ser sus memorias amargas tras el ascenso de Hitler al poder y su huida hasta recalar en Brasil donde se suicida. 041b061a72


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